La literatura dominicana: autores, obras y voces que cuentan el país
Hay países que el mundo conoce por sus playas y otros por su música. La República Dominicana también se conoce por sus libros. Desde el siglo XIX hasta hoy, su literatura ha contado la historia del país: la independencia, el campo, la dictadura, el exilio y la diáspora.
Quien se acerca a ella encuentra un mapa claro: la poesía maduró primero, el cuento alcanzó una maestría reconocida en Hispanoamérica y la novela dejó obras que todavía se leen en las escuelas y en las universidades.
Los cimientos: la poesía patriótica del siglo XIX
La literatura dominicana moderna nace después de la Independencia, en 1844, con sociedades culturales como Los Amantes de las Letras. Pero su primera gran voz fue una mujer: Salomé Ureña de Henríquez (1850-1897). Poetisa y educadora, publicó en 1880 el primer libro de poesía de una dominicana, Poesías de Salomé Ureña de Henríquez. Sus poemas más recordados, como «Ruinas» y «Mi Pedro», unen el amor por la patria con una mirada íntima, y por eso sigue siendo una de las poetisas más queridas de América Latina.
Junto a ella, José Joaquín Pérez y Gastón Fernando Deligne completan la trilogía que sostiene la poesía dominicana del siglo XIX, en sus vertientes patriótica, indigenista y psicológica. En esa misma época, la novela daba sus primeros pasos: El montero (1856), de Pedro Francisco Bonó, publicada en París, se considera la primera novela escrita por un dominicano. Poco después, Manuel de Jesús Galván publicó Enriquillo, por entregas entre 1879 y 1882, sobre el cacique taíno que resistió a los colonizadores.
Juan Bosch: el maestro del cuento
Si hay un nombre que resume la narrativa dominicana del siglo XX, es Juan Bosch (1909-2001). Nacido en La Vega, publicó en 1933 su primer libro de cuentos, Camino Real, y en 1936 su novela La Mañosa, «la novela de las revoluciones», un retrato de las guerras civiles contado a través de una familia campesina.
Pero fue en el cuento donde Bosch alcanzó su mayor altura. Relatos como «La mujer», «Luis Pie», «Los amos» y «La Nochebuena de Encarnación Mendoza» lo colocaron entre los grandes maestros del cuento en Hispanoamérica. Sus historias, casi siempre ambientadas en el campo dominicano, hablan de la pobreza, la injusticia y la dignidad de la gente común. Reunió gran parte de esa obra en tres colecciones: Cuentos escritos antes del exilio, Cuentos escritos en el exilio y Más cuentos escritos en el exilio. Además de escritor, fue presidente de la República en 1963.
Pedro Mir: el Poeta Nacional
Ningún poema dominicano se recita tanto como «Hay un país en el mundo», de Pedro Mir (1913-2000). Nacido en San Pedro de Macorís, Mir se exilió en 1947 por su oposición a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo y publicó el poema en La Habana, en 1949. Es un canto a la patria que empieza con versos que casi todos los dominicanos reconocen: un país «colocado en el mismo trayecto del sol», hecho de «azúcar y de alcohol».
En 1984, el Congreso Nacional declaró a Pedro Mir Poeta Nacional, en reconocimiento al conjunto de su obra, que incluye también Contracanto a Walt Whitman (1952) y Amén de mariposas (1969). En el ensayo, su cuñado Pedro Henríquez Ureña, hijo de Salomé Ureña, fue uno de los críticos literarios más influyentes de América Latina.
Las voces contemporáneas y la diáspora
La literatura dominicana no se quedó en la isla. Una parte decisiva de su historia reciente se escribe desde Estados Unidos, donde vive una enorme comunidad dominicana. Julia Álvarez, nacida en Nueva York en 1950 y criada entre Santo Domingo y Estados Unidos, alcanzó fama mundial con En el tiempo de las mariposas (1994), novela sobre las hermanas Mirabal, asesinadas por la dictadura trujillista en 1960. Junot Díaz, nacido en Santo Domingo en 1968 y emigrado a Estados Unidos de niño, ganó el Premio Pulitzer en 2008 con La breve y maravillosa vida de Óscar Wao, una historia sobre la identidad y la diáspora contada con humor y con el español y el inglés mezclados, como se habla en la vida real.
Desde la isla, Rita Indiana (nacida en Santo Domingo en 1977) ha renovado la narrativa dominicana con novelas como Papi (2005) y La mucama de Omicunlé (2015), escritas en un español popular y musical. A su lado, autores como Rey Andújar, Aurora Arias y Ángela Hernández mantienen viva una literatura que habla de migración, de género, de barrio y de memoria.
Por dónde empezar a leer
Para quien quiera adentrarse en la literatura dominicana, hay un camino sencillo. Empezar por la poesía de Salomé Ureña y de Pedro Mir es empezar por el corazón del país. Seguir con un cuento de Juan Bosch, como «La mujer» o «Luis Pie», es descubrir por qué el cuento dominicano se estudia en toda Hispanoamérica. Y cerrar con Enriquillo, con La Mañosa o con La breve y maravillosa vida de Óscar Wao es recorrer, en tres novelas, más de un siglo de historia dominicana.
La literatura dominicana no es un museo de nombres antiguos. Es una tradición viva: cada generación ha tomado la palabra para contar el país que le tocó vivir, desde la independencia hasta la diáspora. Leerla es entender mejor a la República Dominicana, porque en sus páginas está la forma de hablar, de sentir y de resistir de su gente.
Fuente: Wikipedia
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