La artesanía dominicana: ámbar, larimar y manos que crean tradición
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En un taller de Puerto Plata, un artesano pule una pieza de ámbar hasta que la luz atraviesa su color dorado. En Barahona, otro corta y lija una piedra azul que solo existe en esa tierra. En un pueblo del interior, una mujer pinta a mano el rostro anónimo de una muñeca de barro. La artesanía dominicana no es un recuerdo del pasado: es un oficio vivo que se aprende en familia, se vende en los mercados y se lleva a casa como pedazo de la isla.
La artesanía de República Dominicana mezcla tres herencias: la taína, la española y la africana. De esa mezcla nacen piezas de barro, madera, cuero, coco, cuerno y piedra, con colores intensos y motivos que cuentan la historia del país. Sus expresiones más conocidas son la joyería de ámbar y larimar, las muñecas de Limé, las tallas en caoba y las máscaras de carnaval.
El ámbar: un tesoro guardado por la tierra
El ámbar dominicano es una resina fósil que procede de un árbol del género Hymenaea y que se formó en el período geológico terciario, hace millones de años. Es considerado uno de los ámbares más valiosos del mundo por su transparencia y por la amplia gama de colores que presenta: amarillo, blanco, rojo, verde, azul, púrpura, rosado e incluso tonos plateados.
Los taínos ya valoraban el ámbar antes de la llegada de los españoles: cuando Cristóbal Colón llegó a la isla en el siglo XV, los indígenas le presentaron piezas elaboradas con esta resina. Con el tiempo, el ámbar cayó en el olvido y fue redescubierto para la joyería a principios del siglo XIX. Hoy se extrae de las minas de las colinas de La Cumbre, una comunidad situada a unos 43 kilómetros de la ciudad de Puerto Plata, y con él los artesanos elaboran collares, anillos, pendientes, pulseras y figuras decorativas que se venden en todo el mundo.
El ámbar tiene tanta importancia en el país que cuenta con una Ruta del Ámbar y con dos museos dedicados a él: uno en Puerto Plata y el Museo Mundo de Ámbar, en la Zona Colonial de Santo Domingo, instalado en una construcción del siglo XVII.
El larimar: la piedra azul que solo existe aquí
Si el ámbar es el tesoro antiguo de la isla, el larimar es su joya más joven. Esta piedra semipreciosa de color azul, parecida a la turquesa, solo se encuentra en República Dominicana, en la zona de La Ciénaga, en Barahona. Su historia comenzó en 1974, cuando fue descubierta y empezó a trabajarse como gema.
El nombre del larimar une dos palabras: Larissa, la hija de Miguel Domingo Fuertes, pionero en trabajar la piedra, y «mar», por el parecido de su color azul con el del mar Caribe. Hoy el larimar es la Piedra Nacional de República Dominicana y tiene hasta un Día Internacional, el 22 de noviembre. En La Ciénaga funciona una Escuela Taller y Museo donde se explica su historia, se imparten cursos de lapidaria y joyería, y los artesanos exhiben y venden sus creaciones.
Con el larimar se elaboran collares, pulseras, pendientes y anillos, muchas veces combinados con plata. Su color va del azul celeste al azul profundo, y no hay dos piedras iguales.
Muñecas de Limé, caoba y barro: el arte de todos los días
La artesanía dominicana no vive solo de las piedras preciosas. Las muñecas de Limé son una de sus piezas más queridas: figuras de barro de rostro anónimo, con vestido largo, cargando agua en tinajas, vendiendo frutas u ofreciendo flores, o con la cabeza cubierta por un pañuelo. No tienen rostro pintado, y esa ausencia se ha convertido en su sello: representan a todas las mujeres dominicanas y a ninguna en particular.
La madera tallada es otra tradición importante. Con la caoba, madera noble del país, los artesanos crean cajas de música que reproducen merengues, figuras de animales, esculturas de motivos taínos y máscaras que luego se usan en el carnaval. El barro y la cerámica dan vida a tinajas, platos y figuras decorativas, mientras la cestería, con cana y cabuya, produce sombreros, bolsos y cestas que se usan todos los días.
En los mercados de Santo Domingo, como el Mercado Modelo, y en las tiendas de los pueblos turísticos, los visitantes encuentran esta variedad reunida: piezas de cuerno, cuero, concha de caracol, ámbar, larimar, alfarería y cestería, hechas a mano por artesanos de Barahona, San Cristóbal, Puerto Plata y la capital.
Un oficio que sostiene familias
La artesanía es también una fuente de trabajo para miles de dominicanos. Un censo de la Dirección Nacional de Fomento y Artesanía (Fodearte) registra cerca de 1,700 artesanos inscritos, pero las estimaciones de las instituciones del sector señalan que la cantidad real de artesanos activos podría estar entre 16,000 y 30,000 personas en todo el país. El turismo es su principal cliente: los visitantes que llegan a la isla buscan llevarse una pieza hecha a mano como recuerdo.
Por eso, comprar artesanía dominicana es mucho más que comprar un adorno: es apoyar a las manos que mantienen vivas las tradiciones de la isla y permitir que este oficio heredado siga pasando de una generación a otra. Detrás de cada pieza de ámbar, de cada piedra de larimar y de cada muñeca sin rostro hay una historia, una familia y un pedazo de República Dominicana.
Fuente: Ministerio de Turismo de República Dominicana
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