El perico ripiao y el merengue típico: la música del Cibao que nunca se apaga

Conjunto de merengue típico tocando en Santiago, República Dominicana

Imagen: Wikimedia Commons

Si hay un sonido que dice República Dominicana sin necesidad de palabras, es el del acordeón acompañado por la tambora y la güira. Es el sonido de las fiestas en los campos del Cibao, de las enramadas en las patronales y de las madrugadas en las que nadie quiere que la música se acabe. El merengue típico, conocido popularmente como perico ripiao, es el estilo de merengue más antiguo que todavía se toca, y sigue siendo el alma de la música dominicana. No es un recuerdo del pasado: es una tradición viva.

Un nacimiento en el Cibao, entre el campo y la ciudad

El merengue típico nació en el valle del Cibao, en la región norte de la isla, cerca de la ciudad de Santiago. Su lugar exacto de origen se sitúa en Navarrete, entonces conocido como Villa Bisonó, un pueblo rural y agrícola donde los campesinos bajaban a la ciudad a vender sus productos y se quedaban a tocar y a bailar en los centros de diversión del camino. Por eso algunos merengueros lo llaman la música de campo de la República Dominicana.

Las primeras noticias documentadas del merengue datan de la década de 1850, en artículos de prensa que se quejaban de este baile nuevo, al que tachaban de lascivo porque desplazaba a la tumba, el baile anterior. Los moralistas de la época intentaron prohibirlo por sus letras atrevidas y por los movimientos de los bailarines, pero con poco éxito: el pueblo ya lo había hecho suyo. Su nombre más colorido, perico ripiao, que significa loro rasgado, se dice que era el nombre de un burdel de Santiago donde se tocaba la música.

En sus inicios, el merengue típico se tocaba con instrumentos de cuerda, como la guitarra, el tres y el cuatro. Todo cambió en la década de 1880, cuando comerciantes alemanes llegaron a la isla como parte del comercio del tabaco y trajeron consigo el acordeón diatónico de botones. El instrumento, de mayor sonoridad que la guitarra, la desplazó rápidamente como voz principal del conjunto. Junto a él quedaron la güira y la tambora, que formaban parte del grupo desde el principio.

Tres instrumentos, tres culturas

Lo más hermoso del conjunto típico es que en solo tres instrumentos se resume la historia completa de la República Dominicana. El acordeón representa la herencia europea, traído por los comerciantes alemanes. La tambora, un tambor de dos parches, representa la herencia africana. Y la güira representa la herencia taína, la de los primeros habitantes de la isla.

El músico que perfeccionó este formato y lo convirtió en tradición fue Francisco "Ñico" Lora, nacido en Navarrete en 1880 y considerado uno de los padres del merengue. Ñico Lora compuso decenas de temas que todavía se tocan hoy. Después de él vinieron generaciones de acordeonistas que hicieron del instrumento una voz virtuosa, capaz de contar historias a toda velocidad.

Durante mucho tiempo el merengue típico fue música de campesinos y de clases populares, y las élites lo miraban con desdén. Eso cambió con Rafael Trujillo, quien llevó acordeonistas en su campaña electoral y, una vez en el poder, adoptó el merengue como música nacional para todas las clases. Fue una decisión política, pero también el momento en que el perico ripiao salió del campo y se instaló en el centro de la identidad dominicana.

Los ritmos del típico y sus grandes figuras

El merengue típico no es un solo ritmo, sino varios. El merengue derecho es el más rápido y directo, parecido a una marcha. El pambiche, más lento y sincopado, nació durante la ocupación estadounidense de 1916 a 1924 y tomó su nombre de la tela Palm Beach que usaban los soldados norteamericanos; es el ritmo más querido por los aficionados, porque bailarlo exige más destreza. El guinchao, de desarrollo más reciente, combina los dos anteriores.

En las décadas de 1970 y 1980, Tatico Henríquez y El Ciego de Nagua hicieron la música más rápida y exigente, y sumaron el bajo eléctrico y el saxofón al conjunto. En 1987, Agapito Pascual creó el merengue con mambo con su grabación "La Vieja y su Pipa", un estilo con una segunda sección de riffs duros de acordeón y saxofón que hoy domina el género. A esa renovación se sumaron Fefita La Grande, la primera gran mujer del acordeón, y en las generaciones siguientes El Prodigio, Geovanny Polanco, Krisspy y La Reyna María Díaz.

El 30 de noviembre de 2016, la UNESCO inscribió el merengue en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, y cada 26 de noviembre el país celebra el Día Nacional del Merengue. Son reconocimientos justos para un género que sobrevivió a las prohibiciones y a las modas sin perder su esencia.

La música que nunca se apaga

Hoy el perico ripiao suena en las fiestas patronales, en los festivales, en las emisoras del Cibao y en las comunidades dominicanas de Nueva York, donde la diáspora lo mantiene vivo a miles de kilómetros de su tierra. Los conjuntos modernos mezclan el típico con el reguetón y con otros ritmos, pero la base sigue siendo la misma: acordeón, tambora y güira.

El merengue típico es la prueba de que la tradición no es lo contrario de la vida, sino su forma más duradera. Mientras haya un acordeón en el Cibao, una tambora marcando el compás y una güira raspando el aire, habrá una fiesta donde la gente se levante a bailar. Y mientras haya dominicanos que lo bailen, el perico ripiao no se apagará jamás, porque no es solo música: es la memoria de un pueblo.

 

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