Perico ripiao: el merengue típico del Cibao y su güira

Güira dominicana, el instrumento de metal raspado que marca el ritmo del perico ripiao
Una güira dominicana, el metal que le pone el «brillo» al merengue típico. Foto: Tim Ross / Wikimedia Commons (dominio público).

En el Cibao hay un sonido que anuncia fiesta desde lejos: el repique metálico de la güira, el golpe seco de la tambora y el lamento alegre del acordeón. Es el perico ripiao, el nombre coloquial del merengue típico cibaeño, el estilo más antiguo del merengue dominicano que sigue sonando con la misma fuerza de hace más de 150 años.

El merengue más viejo que sigue vivo

El perico ripiao nació en la región del Cibao, el fértil valle del norte en torno a Santiago de los Caballeros y Navarrete (Villa Bisonó), a mediados del siglo XIX. Las primeras noticias del género aparecen en la década de 1840, cuando los moralistas de la época intentaban prohibirlo por sus letras picarescas y su baile «demasiado pegado» para el gusto de la sociedad conservadora.

Lejos de desaparecer, el merengue típico se convirtió en la música del pueblo: sonaba en los campos, en las enramadas y en las fiestas patronales, mientras las élites bailaban danzas europeas en sus salones. Con el tiempo, ese ritmo campesino conquistó todo el país.

¿Por qué se llama «perico ripiao»?

El nombre, tan curioso como la música misma, viene de la tradición popular. Cuenta la leyenda que a inicios del siglo XX había en Santiago un lugar de diversión donde los músicos típicos tocaban cada noche y donde vivía un perico —un loro— que, según dicen, «cantaba» o repetía lo que escuchaba. Los parroquianos empezaron a decir «vamos pa' donde el perico ripiao», y el apodo se quedó para siempre como sinónimo del conjunto típico cibaeño.

Como toda leyenda popular, tiene varias versiones, pero todas coinciden en lo esencial: el perico ripiao nació del pueblo, en los lugares donde el pueblo se divertía.

Tres instrumentos y una fiesta

El conjunto típico es pequeño pero poderoso. Lo forman tres instrumentos fundamentales:

El acordeón diatónico, de botones, traído por inmigrantes europeos en el siglo XIX y adoptado por los músicos cibaeños hasta hacerlo irreemplazable. La tambora, el tambor de dos parches que marca el ritmo con golpes de mano y baqueta. Y la güira, un idiófono de metal con ranuras que se raspa con un gancho metálico, heredera del güiro taíno de calabaza, cuyo «chirrido» brillante es la firma sonora del merengue típico.

Con el tiempo se sumaron la conga, el saxofón y el bajo eléctrico en algunas agrupaciones modernas, pero el trío original sigue siendo el alma del perico ripiao.

Los grandes del acordeón

La historia del perico ripiao la escribieron sus acordeonistas. Ñico Lora (Francisco Lora) es considerado el padre del merengue típico; Tatico Henríquez lo llevó a la radio y a los discos; y figuras como El Ciego de Nagua, Fefita la Grande —la «Mayimba»—, Francisco Ulloa y Rafaelito Román lo mantuvieron vivo en cada rincón del país.

Sus canciones hablan de amores, de gallos finos, de pueblos y de anécdotas cotidianas: el perico ripiao es también una crónica cantada de la vida cibaeña.

Patrimonio que no envejece

En 2016, la UNESCO inscribió el merengue dominicano —su música y su baile— en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, un reconocimiento que abraza también al perico ripiao como raíz viva del género.

Hoy el merengue típico suena en festivales, en las fiestas patronales de cada pueblo, en colmados y en celebraciones familiares. Nuevas generaciones de acordeonistas recogen el legado de los viejos maestros y lo mezclan con sonidos actuales, demostrando que el perico ripiao, como buen perico, se niega a callarse.

Escucharlo es viajar al corazón del Cibao: tierra fértil, gente alegre y un ritmo que lleva más de un siglo y medio poniendo a bailar a la República Dominicana.


 

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