La 3.ª Feria Municipal Artesanal de Santo Domingo Este convierte Megacentro en vitrina del talento dominicano
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Del 22 al 24 de octubre de 2026, desde las 10:00 de la mañana, Megacentro se convierte en el corazón de la artesanía dominicana. La Plaza de la Tierra del centro comercial acoge la 3.ª Feria Municipal Artesanal de Santo Domingo Este, un evento dedicado a descubrir y apoyar el talento de los artesanos del municipio más poblado del país.
Según el Ayuntamiento de Santo Domingo Este, la feria es "una oportunidad para descubrir piezas únicas, conocer el trabajo de nuestros artesanos y apoyar el talento local a través de la exposición y venta de sus creaciones". Tres días en los que el visitante podrá recorrer los puestos, conversar con los creadores y llevarse a casa una pieza que no existe en ninguna otra parte del mundo.
Una feria que ya es tradición mensual
Lo más interesante es que esta tercera edición municipal no es un evento aislado: forma parte de un programa de ferias artesanales que la Dirección de Cultura del Ayuntamiento celebra durante el último fin de semana de cada mes, en distintos espacios del municipio. La cuarta Feria Artesanal se realizó del 25 al 27 de septiembre en la avenida España, con actividades recreativas para las familias; y en agosto, una feria similar en las instalaciones de Megacentro contó con el respaldo del Clúster Artesanal de Santo Domingo Este (CASDE).
El patrón es claro: acercar periódicamente las creaciones de los artesanos a diferentes sectores, darles oportunidades reales de mostrar y comercializar sus productos, y convertir la artesanía en una vitrina permanente de desarrollo económico y cultural para el municipio.
Las manos que cuentan la historia del país
La artesanía dominicana es un lenguaje propio. En cada feria es posible encontrar las famosas muñecas de trapo sin rostro, símbolo de la identidad nacional que representa a la mujer dominicana sin distinción de rasgos; la cerámica y el barro pintados con motivos de la flora y la fauna criollas; el tallado en madera, que va desde santos y figuras religiosas hasta las coloridas caretas de carnaval; y la cestería de palma y guano, tejida a mano como se ha hecho por generaciones.
Cada pieza lleva horas de trabajo, técnicas heredadas y una parte del alma de quien la hizo. A diferencia de un objeto fabricado en serie, una artesanía cuenta una historia: la del barrio donde se talló, la de la familia que tiñe la palma, la de la maestra que enseña a sus nietas a coser muñecas.
Lo hermoso de estas ferias es que permiten ver el oficio en contexto: el artesano no está detrás de un mostrador anónimo, sino frente a su mesa, dispuesto a explicar cómo se tiñe la palma, cómo se amasa el barro o cuántas puntadas lleva cada muñeca. Esa cercanía convierte la compra en una experiencia y al visitante en cómplice de la cultura que se lleva a casa.
Comprar artesanía es invertir en cultura
Detrás de cada puesto hay una economía familiar que depende de estas ventas. Por eso las ferias municipales importan más allá del paseo: son canales de comercialización que le ahorran al artesano el costo de un local permanente y le acercan miles de potenciales clientes en un fin de semana.
Además, el encuentro directo entre el creador y el comprador dignifica el oficio. El turista que regatea una careta sin saber cuántas horas tomó tallarla es distinto del visitante que escuchó al artesano contar cómo la hizo. Las ferias educan al público y, al hacerlo, protegen los precios justos y la supervivencia de los oficios.
Si este fin de semana anda por Santo Domingo Este, la invitación está hecha: pase por Megacentro, mire con calma, pregunte, converse y llévese un pedazo de República Dominicana hecho a mano. El mejor souvenir no es el más barato; es el que tiene una historia que contar.
Fuentes: vivir RD, Amo Dominicana y boletín del Sistema de Monitoreo de la Administración Pública (SISMAP).

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